“SOY INTENDENTE DE DAR MÁS QUE DE LO QUE EXIJO, Y DE PREDICAR CON EL EJEMPLO”

Escrito por Recibimos y publicamos en la sección Nacionales.

Publicado el 12/08/2019 22:53:11
“SOY INTENDENTE DE DAR MÁS QUE DE LO QUE EXIJO, Y DE PREDICAR CON EL EJEMPLO”

Por Daniel Alberto García Martínez.-

Especial para El Bocón.- 

 

 

EN MELO,  MIERCOLES 12 DE AGOSTO DE 1998

 

“E-TRES  CENTRAL  LLAMA,  ATENTO  E-TRES  CENTRAL LLAMA…E-TRES…”

Andaba pagando cuentas en los bancos del centro apenas habían abierto a la hora 13  para retornar más tarde al trabajo en  radio La Voz de Melo, como todos los días. Era el Cronista Policial desde 1992, siempre pendiente de lo que sucedía para reportarlo enseguida. Me enteraba por las comunicaciones  o los “informantes” me avisaban de algo.  Hacía un tiempo que habían llegado los celulares y en muchos casos usaba el viejo “ladrillo” de Prensa de la emisora. Ya tenía uno propio, personal,  lo necesitaba.  Era uno de mis trabajos, apasionante por cierto, donde ponía todo mi empeño y pasión,  debía saberlo todo,  más que la policía y el juez.. Ese fue siempre mi estilo y forma de trabajo. Y estar donde la noticia lo requiriera, sin horario…sin importar el clima, era full time para la llamada “Crónica Roja”. Era una experiencia nueva en el medio: informar al momento  desde el lugar de los hechos un accidente, un incendio, un homicidio, lo que tuviera que ver con noticias policiales. Después de un lapso prolongado de reuniones y negociaciones con la Dirección de la radio, me dieron el visto bueno para la tarea.

La mismo comenzó el 2 de Abril de 1992 desde barrio Hipódromo. Una madre había parido y el bebé fue encontrado muerto, en estado de descomposición dentro de unas bolsas en un armario de la casa. Un vecino ante la sospecha que no escuchaba llorar al pequeño y la madre ya no tenía panza, alertó a la policía de la seccional 11  ellos al juez. Se inspeccionó la humilde vivienda con el hallazgo antes mencionado. No era media mañana y ya estaba dando esa noticia vía VHF.

De tarde ya estaba en el juzgado citado por el magistrado de turno donde la Abogada de Oficio se encargó de pasarme un buen discurso sobre normas legales. Lo que no se esperaba fue mi respuesta amparado en la Ley de Prensa y sus derivaciones. No pasó de eso. Fue el comienzo de una tarea que me demandó muchos problemas con la policía y los jueces hasta que, con el tiempo pudimos “convivir” y trabajar juntos pero separados en un caso. Valió la pena, claro que sí.

 

Era un día  gris, invernal aquel 12 de Agosto.

Melo está en un pozo, tanto el Verano como el Invierno  se hacen sentir. Llevaba puesto una campera militar y en el bolsillo superior izquierdo el inseparable Handy de banda corrida con la frecuencia policial entre otras.  Fue todo un problema cuando empecé a usar la radio, mi radio. La primera se la compré a un Juez Letrado que además era radioaficionado como lo fui durante un tiempo en tierras arachanas. No era –ni lo es – escuchar a la policía – un delito, pero al comienzo me causó muchos problemas. Todos sabían que los escuchaba. Incluso en varias ocasiones usé la frecuencia llamando a Jefatura para informar de algún hecho donde llegaba primero y se necesitaba presencia policial y de la emergencia móvil.  Estaba “autorizado” hablar por el canal de ellos en casos así.

MIENTRAS TANTO….

Iba  apurado de un lado a otro en pleno Aparicio Saravia, la calle principal del centro. Saludaba  a la gente como es costumbre en el interior, tratando siempre de saber algo y sacar un dato de lo que supieran del tema del momento.

Conversaba segundos con  policías que me cruzaba  en el trayecto, incluso a quienes estaban como guardias en los bancos, siempre había uno afuera y dos más  adentro (con ellos era más difícil porque estaban en sus cazetas o deambulando entre los clientes…y vecinos. En algunos casos en  los edificios estatales, había uno afuera dependiendo la institución. En algunos casos hasta Oficiales hacían ese servicio.

“E – TRES  CENTRAL LLAMA,  ATENTO E -TRES CENTRAL LLAMA…E - TRES…”

(La  E era el prefijo interno de Cerro Largo en el Ministerio del Interior, Tres era el Jefe de Policía, y así seguía…E-4, E-5…..)

Salía de un lugar y encendía la radio. Iba escuchando mientras llegaba a otro de mis destinos. Noté  cierto silencio en la red policial, algo medio raro, solo el operador de Mesa de Radio en Jefatura que llamaba reiteradas veces al Jefe de Policía Manuel Rodríguez Sosa. Segundo período al frente del Comando Policial.

 Un político del Partido Colorado, hacendado en la Cuarta Sección del Departamento, en Centurión, un lugar donde se puede pasar caminando a Brasil si los arroyos lo permiten.

Se hablaba siempre – pueblo chico, infierno grande - de cómo Rodríguez había llegado a tantas cabezas de ganado como muchos de los que vivían en la frontera. La gente habla, saben o inventan pero nadie dice nada oficialmente porque es –o era – un estilo de vida.  Válido para incluso políticos y militantes de diferentes partidos políticos que poseían –o poseen – campo con ganado ya sea lanar o vacuno, legal o ilegal porque es muy fácil la maniobra de ingreso de las reses dependiendo el valor de la moneda norteña. A buen entendedor…

Recuerdo que a un ex Ministro de Ganadería del Partido Nacional eso le jugó en contra ya que tenía ganado en Cerro Largo y era de dudosa procedencia. Un semanario montevideano se encargó de la investigación. Pero…no pasó de eso, un poco de ruido y los desmentidos del caso. De todos modos se crearon muchas dudas y se manejaron algunas conjeturas. En Cerro Largo es posible todo, fue posible de todo durante mi estadía de 24 años. Vi de todo y conocí de todo en ese tiempo. En varios aspectos.

Manuel Rodríguez  vivía en la ciudad, a una cuadra de la Seccional Primera, en calle Justino Muníz entre José Enrique Rodó y Esteban O. Vieira. Casi en el centro.

Pongo los nombres para que nos vayamos introduciendo en la historia nacional, incluso del propio Cerro Largo. Tierra pasional si las hay es ese lugar.

 Campos de batalla y de enfrentamientos donde los Saravia no dieron tregua a sus rivales.

Eran tiempos donde se le hacía honor al nombre que aún lleva al frente el centenario  edificio: JEFATURA POLITICA  Y DE POLICIA, data de 1910 la escritura.

 En su momento ofició como cárcel, en sus patios hay vestigios de ello. Y  también algunos recuerdos de viejas historias policiales… y de cautiverio.

Había entrado al Banco –ya desaparecido – Comercial, en la esquina de Aparicio Saravia y Wilson Ferreira Aldunate. Afuera había un  Oficial, nos saludamos sin hablar de nada.  Ingresé a pagar la cuota de un préstamo, demoré poco tiempo. Terminé el trámite.

Al salir me pregunta: ¿“Te enteraste lo del vivero”? “El Villa parece que está muerto”.

Ahí reaccioné enseguida con la insistencia del llamado radial al Jefe de Policía que no daba señales de vida.

“No digas nada que te dije” mencionó. Como siempre “Amigo” le respondí, ya sabes cómo trabajo. Gracias  por el dato.

Del banco fui hasta la radio que está apenas un par de cuadras. Fuera de mi horario vi que algo pasaba, no estaba el móvil, ya se habían ido dos de mis compañeros que tenían rumores del asunto a ver qué pasaba.

Agarré mi auto y fui hasta el Vivero, saliendo de la ciudad hacia Montevideo por ruta 8 unos dos kilómetros.

El movimiento en la carretera ya era bastante y rápido, en la misma dirección íbamos todos. Llegué…mucha confusión, gente llorando, otros se agarraban la cabeza, la mayoría funcionarios de confianza del Intendente. La policía ya había acordonado el ingreso con efectivos que también estaban confusos y reinaba la desinformación sobre lo sucedido.

 

Al poco tiempo  de estar ahí llegó el Comisario Luis  Santos de la Seccional 14, con jurisdicción del lugar  y cuya comisaría estaba distante de la ciudad, por la misma ruta 8 pero hacia Aceguá, en Tres Boliches.

Nadie decía algo coherente pero todos afirmaban que había un muerto y era el Intendente de Cerro Largo. Que lo mataron, que se voló la cabeza, que se disparó por la boca….todo confusión y nadie confirmaba que había pasado.

Mis compañeros ya estaban hacía rato en las afueras de la casa, como todos,  tratando de conseguir información. Los celulares empezaban a sonar…los colegas de Montevideo ya sabían desde antes de la hora que nosotros nos enteramos  que algo pasaba, que Villanueva Saravia estaba muerto de un balazo.

Siempre fue raro eso, se supo antes en la capital que nosotros en el lugar.

Había gente adentro de la casa, el Sub Jefe de Policía Nedo Nuñez (fallecido), el Director de Investigaciones Wilfredo Rodriguez (actual Jefe ) y algún efectivo de Policía Técnica. Posteriormente llegó el Jefe Manuel Rodríguez en su Nissan Sentra blanco.  Más allá de los primeros en llegar a la escena entre familiares y una de sus Secretarias. Reitero: todo era confuso, pero hubo que confirmar la noticia a través de los más cercanos quienes nos  dijeron que el cuerpo del Intendente tenía un disparo y estaba sobre su cama.

A partir de ahí empezó el caos informativo, social, laboral, y político. Creo que no éramos conscientes de lo que significaba la muerte del Intendente más joven del país, con sus 33 años y muchos proyectos para el departamento.

La prensa de Montevideo manejaba mucha información del tema. Contactos con los corresponsales en Cerro Largo y con nosotros, Periodistas locales que ya estábamos todos antes de la hora 15 en la residencia municipal.

Hubo un equipo periodístico de un medio nacional –que no recuerdo cual –  que andaba en la zona por la Fiesta del Arroz que comenzaba al otro día y llegaron al vivero enseguida,  al rato empezaban a caer otros que viajaron en avión y tenían autos que los esperaban en el Aeropuerto.

Y ahí permanecimos todo el día y gran parte de la noche.

Vimos llegar al Obispo de la Diócesis Melo – Treinta y Tres, Monseñor Nicolás Cotugno quien fue uno de los pocos en poder entrar a la escena. El Jefe de la Brigada de Caballería N° 2 Coronel  Gustavo Ferreira ingresó también a la vivienda, no recuerdo si estuvo junto al cuerpo. El abuelo del Intendente, Luis César Pinto estuvo desde muy temprano junto a su fallecido nieto. Salió en la noche y dijo junto a Diego Saravia, padre de Villa, que “lo habían matado” pero nunca dio nombres pero los dos  se refirieron a políticos mafiosos de su mismo Partido Nacional de Montevideo.

También vimos llegar esa  tarde a un grupo de Peritos de Policía Técnica  de Montevideo ( así se llamaba  hasta hace un tiempo) encabezada la comitiva por Roberto de Los Santos y Washington Curbelo, jerarcas de dicha dependencia. Ambos habían estado –no muy lejano en el tiempo – dictando un curso al cuerpo policial local sobre moneda falsa y otros delitos fronterizos. Asistí a parte de esas jornadas. Pura casualidad pero…a las pocas semanas estaban de nuevo en Melo.

 

O sea, había  dos equipos trabajando en el lugar: fotos, filmaciones, medidas, croquis, relevamientos y no se si algo más que solo quienes trabajaron en la escena saben. Esto fue dispuesto por el entonces Ministro del Interior Luis Hierro López quien impartió directivas  apenas fue informado y antes de viajar al lugar.

En la escena se constituyeron el Juez Letrado de Primer Turno Dr. Ricardo Míguez, también lo hizo el de Segundo Turno Dr. Carlos García y el Fiscal de Primer Turno Dr. Gustavo Zubía. El médico forense local era y lo es - el Dr. Juan Muñóz,  el “rengo” le decían por tener problemas en una pierna y usaba plataforma en uno de sus calzados. Un gran profesional, joven, dedicado a la Medicina Legal. Años antes había un “médico policial” que así se le llamaba, llegaron a ser dos, uno es oftalmólogo y teníamos un proyecto de escribir un libro con algunos de sus casos. Una vez estaba en su casa charlando sobre su tarea y llegó la policía con un muerto en la caja de la camioneta, había que hacer el “reconocimiento del cuerpo”.  El proyecto quedó en el camino por diversos motivos. Hablo del Dr. Juan Pica Iturralde. Nos hicimos muy amigos.

Muñoz además atendía en su policlínica de Medicina General en la mutualista COMECEL.

Con él entablé una muy buena relación profesional donde en algunos casos -autopsia mediante - entre hedores a sangre y cuerpos en descomposición, me ayudó mucho para informar de ciertos casos donde la muerte era dudosa. Esa  “complicidad” fue de ambos, en algún caso el juez y fiscal de turno quizás lo supieron  pero no pasó nada. En otros doy fe que nadie sabía pero mi pasión por la Información Policial me llevó hasta ir a la morgue del cementerio una noche fría… con mucho viento, parecía de película.  Confieso que me dio algo de miedo entrar al cementerio y recorrer ese tramo largo con árboles a los costados, tumbas, panteones y ruidos, de esos que crujen y no sabes de donde provienen…hasta que llegué a la llamada “morgue”.

Se trabajaba en muy malas condiciones, así fue  por años. El lugar carecía de todo, solo una pileta larga, alta, con baldosas blancas donde iba el cuerpo y se lo lavaba. Había  un taco de madera con la forma adecuada para que calzara la nuca. Una ventana alta, una puerta de dos hojas que no cerraba bien, esa era toda la ventilación. Una mesada donde el forense apoyaba su maletín con los instrumentos para el examen –o la carnicería – que iba hacer y dejar después como si nada con una buena sutura que indicaba la exploración de todos los órganos principales buscando indicios, pruebas, la causa de la muerte en definitiva ya sea para extraer un proyectil o ver los órganos dañados.

Siempre fue –y lo es estoy seguro – muy sigiloso, detallista, observador. Abría un cuerpo y junto  su fiel enfermero Márquez que estaba a la orden, munidos ambos de un  “delantal” blanco, de esos de frigorífico, con guantes  color naranja o celeste que se usan para tareas de limpieza, y sus afilados instrumentos: cuchillas, serruchos y hasta una sierra para abrir un cráneo.  Me explicaba todo el procedimiento como si fuera un médico nuevo. Vi de todo  y aprendí bastante. También me descompuse un par de veces por los olores más que lo que tenía frente a mis ojos. Incluso tuve que salir del pequeño lugar con náuseas y ese olor que te queda impregnado en la nariz, en la ropa, en tu cuerpo. Y que da asco. Recuerdo que esa noche me cuestioné  algunas cosas sobre la vida…y la muerte.

Los otros profesionales que llegaron al Vivero para “apoyar” la tarea del forense local fueron  la Dra. Beatríz Balbela (Directora del Departamento  Forense del Poder Judicial en la actualidad en  Montevideo) y el Dr. Carlos Maggi , una eminencia en Medicina Legal. Habían sido asignados al caso enseguida desde Presidencia.

 

 

A todo esto, caía la noche, estaba frío, había mucha gente en toda la entrada y la distancia que separa desde la carretera al cerco perimetral de la casa.  Los vehículos sobre la ruta en ambos sentidos aminoraban  la marcha al pasar frente a los dos “arcos” de ingreso al lugar donde lucía VIVERO MUNICIPAL  y apenas a metros del Hogar de Varones de INAU, tratando de no chocar con el resto de los coches que estaban parados al costado de ruta… Unos llegaban, otros se iban, muchos habían pasado el día ahí conmocionados por la noticia: El Villa estaba muerto de un balazo.

Llegó la noche, había descendido bastante la temperatura. Algunos estábamos bien abrigados, otros apenas con lo que tenían en el momento de recibir el dato y se largaron hasta allí. Todo iba para largo, muchas horas por delante y empezaba a sentirse parte del cansancio propio de una situación estresante y de suma responsabilidad a la hora de informar. Teníamos sed y hambre. Empezaron a llegar “pequeñas raciones” que simpatizantes y allegados a Saravia traían y las compartían. Reinaba la calma pero estaba la incertidumbre de lo que pasaba en la residencia. Luego de muchas horas salieron con el cuerpo hasta el cementerio para la autopsia. Otra larga espera.

 

 

 

 

 

 

 

 

             

URUGUAY HABLABA DE LO SUCEDIDO.

CERRO LARGO SE HIZO ESCUCHAR CON SU DOLOR

Siendo Montevideano  y viviendo en Melo desde 1989 hasta 2013, pude ir “encajando” como se dice en una sociedad muy especial que por suerte me recibió bien y aceptó. Siempre trabajé en Periodismo. Antes de radicarme fui durante tres años y medio Reportero Gráfico del diario El Día, desaparecido hace  mucho tiempo, como otros diarios y semanarios…

Estando a 400 kilómetros de mi mundo,  ir creciendo fuera del medio donde nací y me formé, fui descubriendo ese abismo y divorcio que hay - porque lo sigue habiendo - entre la capital y el interior. Me costó un poco adaptarme a muchas costumbres de una ciudad chica, capital de un departamento fronterizo con el Estado de Rio Grande. Sus horarios para todo, su idiosincrasia,  vocablos  con términos mezclados a veces de un “Portuñol” mal usado pero insertado  en muchas familias.

Un lugar  de hondas tradiciones nacionalistas, tierra de Caudillos con historias de grandes  batallas, enfrentamientos  por el poder donde hubo triunfos y muertes.  Lo  recuerdan siempre en charlas que salen casi a diario por viejas rencillas políticas y más en tiempos donde la izquierda no ha podido ganar en Cerro Largo. Y dudo que pueda triunfar algún día porque la tradición Saravista, más bien nacionalista  vive entre la gente, es parte de  sus vidas. Aún en el error o el acierto de tantas muertes en campos cerrolarguenses, la muerte de otro Saravia golpeó muy fuerte a todo el departamento, sin distinción partidaria. Lo sintió parte de un país que no llegó a ver el crecimiento que iba rápido de un joven líder que se llevaba a todos por delante y no medía sus palabras ante la  autoridad. Era inquieto, hiperactivo, tenía respuesta para todo lo que se  le preguntara sin previo aviso. Calculador, proyectaba el futuro del departamento, de su partido y del suyo propio con aspiraciones a la presidencia. Una bala terminó con todo.

 Villanueva tenía un carisma particular, poco visto en algún político. Hacía y deshacía pero luchaba por su gente. Era amigo de todos y de ninguno a la vez. Era petiso, algo morocho y de sonrisa amplia o de ceño fruncido a tal punto de enojarse y reírse a la vez porque quería que todo se hiciera como él quería.

Hablaba con todos, sin importar condición política ni social. Llegaba a cualquier horario a un barrio, a una casa, a un almacén de campaña. Comía lo que había en donde fuera, eso sí: el mate era su fiel compañero más allá de quien lo acompañara.

Vestía sencillo pero de marca. No le importaba si llovía o si debía caminar en el barro así como andaba vestido. Era su manera de ser. Ya se había ganado a la gente por encima de la ropa o sus autos. Escuchaba, escuchaba a todos y buscaba soluciones. Y las ejecutaba. Pero también a veces era un obrero más y no titubeaba para agarrar una pala o subir a una máquina e indicar como debía hacerse el trabajo. Supo medir lo hondo y el calor de la primera carpeta asfáltica en la ciudad sin importar discutir ante los medios y su personal de confianza con la ingeniera a cargo de la tarea.

Trabajaba muchas horas, pasaba tiempo en la intendencia, en su despacho, incluso le gustaba trabajar de noche hasta la madrugada.  A veces atendía a los periodistas en esas horas. O te llamaba para que fueras que necesitaba hablarte. Me pasó en dos oportunidades. Y tenía que ser enseguida. En casa creaba cierta desconfianza sabiendo –por otra parte – lo mujeriego que era, y siempre andaba bien acompañado. Y así concurrí a conversar con él sobre temas puntuales que requería escuchar y ser escuchado.

Comía en su despacho muchas de esas noches de trabajo y contactos sin que el tiempo exterior ni la hora llegara a preocuparle. Dormía poco si, algunas horas.  Así  proyectaba el futuro para el  departamento,  en cambios “revolucionarios” decía,  “para ese gran uruguayo que trabaja sin cesar, para que reine en los jóvenes la justicia e igualdad” como lo resaltaba  su jingle de campaña electoral en 1994 con la 58, su lista que lo llevó al sillón municipal.

EL PRIMER DISCURSO EN SU DESPACHO

“Asumo con el enorme honor y responsabilidad mayor aún que significa  como Intendente para guiar los destinos de Cerro Largo desde hoy 15 de Febrero de 1995 hasta el 15 de Febrero del año 2000.

Este 27 de Noviembre pasado marcó el final de una intensa, corta y ardua campaña electoral, enérgica, desgastante y tremendamente agraviante. Nuestros correligionarios, candidatos y principalmente yo, fuimos blanco de ese tipo de actitudes.  El lunes 28 de noviembre encerramos odios, rencores, diferencias y disputas.  No hay lugar en nuestros corazones para albergar sentimientos menores, mezquinos.

Este departamento y su gente necesitan una revolución transformadora, revolución de ideas pero más que nada de acciones”.

En sus palabras además hizo una dura crítica a la gestión anterior del segundo período de Rodolfo Nin al frente de la comuna por el Partido Nacional que también los votos blancos lo llevaron al frente de la comuna: “Nos hemos acostumbrado a vivir entre  caminos en mal estado, pozos, cunetas y veredas sin terminar, una ciudad a oscuras, el desorden, la desprolijidad y el abandono. Nos hemos acostumbrado a escuchar promesas incumplidas.

Hoy dejo de ser un ciudadano más para ser el primer ciudadano del departamento por decisión  de ustedes: el Intendente Municipal del más grande y hermoso departamento que tiene este país, nuestro querido  departamento de Cerro Largo.

No solo soy individuo de promesas. Soy hombre de compromiso. No soy solo hombre de ideas, más que nada soy un individuo de acción, no soy a partir de hoy Intendente de abrazos, sonrisas y regocijos. Soy a partir de hoy un gobernante de trabajo, seriedad y responsabilidad.

Soy Intendente de dar más que de lo que exijo, y de predicar con el ejemplo. Soy a partir de hoy gobernante de  hacer y exigir resultados. Nuestro Gobierno finaliza en el año 2000, quiero decir que nuestro Gobierno cierra el Siglo XX  y se inaugura el Siglo XXI.

Cambiemos el lenguaje de las disputas por el de la armonía constructiva. Les pedí una oportunidad y me la han concedido. Unidos al trabajo y adelante, yo no los defraudaré”.

 

Y así comenzó a trabajar por Cerro Largo el Intendente Villanueva Saravia Pinto con sus jóvenes 33 años.

 

 

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