EL PODER JUDICIAL Y LA SALUD DE LA REPÚBLICA

Escrito por Recibimos y publicamos en la sección Nacionales.

Publicado el 03/07/2019 06:20:20
EL PODER JUDICIAL Y LA SALUD DE LA REPÚBLICA

Por Dr. Gastón Pesce Echeverz, Ex Edil Departamental.-

 

Soy abogado por vocación y formación desde mis 24 años. Hoy tengo casi 60. A mis 20 trabajaba en Jurídica de Bancos del Litoral Asociados, por entonces el tercer banco del país (detrás del BROU y del Comercial), escribiendo cartas al dictado del Dr. Carlos Maggi y armando carpetas para el Dr. Oscar Sarlo, cuando éste recién se iniciaba en la vida profesional. En 1982 renuncié para trabajar como Procurador con firma prestada de otro colega. Viví las crisis de 1982 como empleado bancario y la del 2002 como profesional de intenso ejercicio, en Paysandú. Bancos del Litoral se fue al bombo tras un crecimiento vertiginoso, luego de haber apostado su Directorio (integrado por viejos comerciantes de Paysandú, bajo la presidencia del Dr. Miguel Saralegui) por los grandes “popes” o lumbreras de siempre, de la Capital, que concurrieron a enterrarlo, tal como unos 20 años después se terminó Banco ACAC, también surgido en Paysandú gracias al impulso e inteligencia de un frustrado estudiante de Ingeniería llamado Marcelo Otten. Cuando comencé a trabajar en Paysandú, en 1983 (hasta 1995 lo hice también en la Capital), en el departamento había un único Fiscal Letrado Departamental, que lo era el Dr. Miguel Costa, quien despachaba todos los expedientes que le llegaban a su despacho en el día tomando café y por las tardes, tres veces a la semana, practicaba el sano ejercicio de la Pelota Vasca en el Centro Pelotaris, donde había crecido junto con el dos veces Vice campeón Mundial Luis “Pibe” Bell al tiempo que contribuía a formar al luego Campeón de España Álvaro Medina.  Por entonces, cuando algún abogado presentaba un pedido de libertad antes de las 15 horas, luego que el “Turco” Kaisar llevara los expedientes en un carrito de supermercado hasta la Fiscalía, el mismo era resuelto en el día, antes del cierre del Juzgado, a las 18; y muchas veces el liberado aparecía en el estudio para agradecernos antes de que nos fuera notificada la libertad. Altri tempi… donde el Fiscal hasta se daba tiempo para hacer docencia con los que recién nos iniciábamos.  Pasaron los años y la conflictividad social y la “judicialización” de la vida, la familia y la política se multiplicó exponencialmente. Hoy hay en Paysandú 4 fiscalías (pero la población no se multiplicó por cuatro). Y del mismo modo se multiplicaron los juzgados (antes eran 3 con competencia en todas las materias y ahora son 13) y los defensores (antes cubríamos esa necesidad los propios abogados en ejercicio, que éramos designados para cada caso por los tribunales y actualmente hay 10), pero la cosa no anda ni para atrás. En octubre del año 2003, hartos de falta de la debida respuesta, presentamos una nota de queja a la Fiscalía Letrada Departamental, de la cual guardamos copia sellada con constancia de entrega, por su inacción ante un cúmulo de unas 20 fundadas denuncias desatendidas sin la más mínima respuesta, mínimamente satisfactoria, de la autoridad. Dicha nota fue convenientemente ignorada o “cajoneada”, al punto que en el año 2011, cuando relatamos el hecho al entonces ex ministro Dr. Leonardo Guzmán, la misma jamás había llegado a su conocimiento. Diez años después, concretamente en mayo de 2013, presentamos ante el Juzgado Letrado en lo Penal de 2º Turno de Paysandú otra fundada denuncia por omisiones en proceder de las autoridades públicas respecto a un número muy importante de casos (art. 177 Código Penal) o eventual omisión contumacia en el debido cumplimiento de los deberes del cargo (art. 164) de la cual también guardamos copia debidamente sellada.

Y nada… Al punto que a la fecha llevamos unas 30 fundadas denuncias penales sin atender por parte de las autoridades fiscales y judiciales de Paysandú y Salto y, la verdad, hemos perdido toda esperanza de que las mismas sean atendidas, ya que no en tiempo, por lo menos en debida forma. Quien esto escribe tiene entre 15 y 20 casos en que ha actuado, publicados por La Justicia Uruguaya o citados en textos de uso académico. Por tanto y como ya lo ha dicho, no cree que se haya incapacitado de golpe como para no “embocar” absolutamente ninguna denuncia penal entre las 20 formuladas antes de 2003 y las otras 30 formuladas entre aquella fecha y el presente. Pero es así. Por el contrario, el autor de esta nota ha tenido ocasión de conocer en su persona y actuación a numerosos jueces y fiscales, tales como el actual Fiscal General, cuando era juez penal de 4º Turno en Paysandú, o alguno que otro Ministro de la Suprema Corte de Justicia, de Apelaciones y del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, alguno que otro, ex compañero de estudios.  Del hoy Fiscal General Díaz recordamos que, cierta vez que nos convocara, junto con su colega Dolores Sánchez, a los abogados integrantes del Foro sanducero, a fin de explicarnos su modalidad de trabajo, jornada realizada en la Casa de la Universidad, al finalizar su alocución se dirigió a un joven colega diciéndole entre risas y bromas: “Y a vos, “Pico”, no les digas más a tus clientes que precisás U$S 5.000 para el juez…” cuando en su lugar y en defensa de su propia investidura, debió haber tomado medidas sancionatorias de inmediato, ni bien conocido el hecho. Posteriormente, en ocasión de cursar el primer Post Grado sobre Integración Regional realizado en el Interior, cuando el entonces Presidente de la Suprema Corte de Justicia y Catedrático en Derecho Penal Dr. Milton Cairoli, estaba desarrollando una conferencia sobre Asilo (o Extradición), se terminó refiriendo a sus colegas argentinos y al propio gobierno del vecino país en términos similares a los empleados por el Dr. Jorge Batlle cuando desempeñaba el cargo de Presidente de la República (lo que hubiera debido motivar el inmediato retiro de los colegas argentinos que estaban participando del curso), el hecho nos puso de manifiesto que no estamos, ni hemos estado, desde hace demasiado tiempo quizás, en las mejores manos en lo que hace al sistema judicial (y fiscal) de este descaecido país (de ambos episodios tengo como testigo a un calificado colega del medio, con quien alguna vez que otra hemos recordado juntos aquellos hechos). Por tanto, siendo que el buen funcionamiento de las instituciones de la República importan tanto, en lo interno y externo, para la buena marcha, salud y respeto del país, nos permitimos escribir estas sufridas pero bien justificadas líneas.

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