RECORRIENDO PAÍSES DE AMÉRICA, UNA AVENTURA QUE COMPARTIMOS

Escrito por El Bocón en la sección Nacionales.

Publicado el 06/06/2019 23:50:56
RECORRIENDO PAÍSES DE AMÉRICA, UNA AVENTURA QUE COMPARTIMOS

Después de 37 años juntos, habiendo luchado por el mundo y en nuestro querido Uruguay, resolvimos tomarnos un mes sabático, y ese es junio de este 2019.

Aplicando el ingenio, buscando la economía y sumando la experiencia de tantos kilómetros recorridos, nos hicimos a la ruta el sábado 1ero. de junio a las 7 de la mañana.

No hablamos de un destino, ni queríamos tener un objetivo claro, solo rumbeamos hacía Chile, sin saber si podríamos llegar.

Si bien el propósito del viaje es cero estrés, sabíamos que la primer jornada tenía que ser larga y meter pata hasta que el cuerpo aguante.

Primera parada en la Estación de Servicios de la ruta 11 y 3 de San José para un buen cortado caliente y unos bizcochos.

Luego de un tirón hasta el puente Internacional en Fray Bentos, y allí sentir que comenzábamos la aventura.

Un grupo de camioneros que son integrantes de nuestra cadena de la Buena Onda por Washapp nos guiaron el mejor camino para enfilar a Mendoza, la ciudad argentina que sería la base para el paso de la cordillera.

Nos detuvimos en Rosario, donde ya habíamos estado, para poner combustible y comer algo, para seguir aun unas horas, intentando avanzar lo más posible.

Llegamos hasta la localidad de Laboulaye, en la provincia de Córdoba, allí un lindo hotel nos recibió como a las 21 horas, cansado, pero contento de recorrer los primeros 800 kilómetros sin inconvenientes.

Luego de un baño reparador, comimos unas pizzas en el mismo hotel y estuvimos de acuerdo con Mirtha que no íbamos a hacer más esa locura de viajar de noche, es peligroso, nada recomendable.

Estábamos a 500 kilómetros de Mendoza, nuestro segundo destino.

El Hotel en ese localidad, nos costó solo 1000 pesos uruguayos con desayuno, realmente muy en cuenta y era bueno, limpio, con aire acondicionado, tv con cable y una excelente ducha caliente.

Para llegar a Mendoza, pasamos por la provincia de San Luis, y ocurrió algo inesperado.

Desde el mismo peaje donde comienza San Luis y termina Córdoba, encontramos una gran diferencia.

San Luis es realmente extraordinario, limpio, ordenado, moderno, parece un pedazo de Estados Unidos, con carreteras nuevas, autopistas, con iluminación durante 100 kilómetros de las rutas.

Si, las rutas iluminadas a pleno, nos causó una gran motivación ver que San Luis, no parece Argentina, realmente espectacular, y eso que hablamos de las rutas y el entorno, no entramos a la ciudad.

Llegamos como a las 14 horas a Mendoza, y en la entrada de la ciudad nos alojamos en un hotel Ibis, una cadena de hoteles económicos, de tres estrellas que parece de cuatro, realmente muy cómodo y recomendables, si quieren estar muy bien y pagar poco. Este Ibis nos costó 37 dólares la diaria con desayuno y cochera abierta para la Bocona, unos 1350 pesos uruguayos, realmente muy accesible, no nos cobran IVA que es el 21% por ser turistas.

El desayuno es buffet, bien servido, y podes comer todo lo que quieras.

Esa noche fuimos al Shopping Mendoza que estaba frente al hotel, pero cruzando la autopista de entrada a la ciudad.

Fuimos caminando, pero antes preguntamos sobre la inseguridad al empleado del hotel y nos sorprendió con su respuesta: “En esta Zona no va a tener ningún problema, la seguridad es máxima, es una zona turística protegida”

Igualmente, a la vuelta, vinimos en taxi que nos cobró solo 50 pesos uruguayos.

A la mañana siguiente partíamos a cruzar la cordillera, todo un apronte importante, y nervios, algo natural, ya que lo habíamos hechos en 1995, muchos años atrás y recordaba no había sido sencillo.

La Bocona en buen estado, revisando los niveles de líquidos, y el tanque lleno en sus 104 litros de gas-oil.

Entrando en la pre cordillera, una detención obligatoria de la policía argentina que nos pedía la documentación del vehículo y la licencia de conducir.

Todo en orden, y a seguir adelante, comenzando la ruta a ponerse difícil, con mucho tránsito de camiones, verdaderos héroes anónimos, que llevando zorras con 45 mil kilos de mercaderías, realmente no sé cómo logran tanta precisión en su manejo en un camino tan difícil.

Íbamos tensos los dos, el día era hermoso y la temperatura comenzaba a enfriarse.

Una nueva parada de policía argentina, en el medio de la nada, solo nos dieron algunas indicaciones y a seguir.

Poco a poco la ruta se fue poniendo muy difícil, serpenteando, subiendo y bajando largas pendientes y bajadas peligrosas. Nosotros siguiendo algunos camiones que viajan en trencito, aprendiendo de ellos, a sus velocidades, a pesar que parecía se podían ir un poco más ligero.

La consigna era no arriesgar nada, ser extremadamente prudentes, y así lo encaramos hasta verle las patas a la sota.

Mirtha iba muy tensa, la tranquilicé diciéndole que había que disfrutar la aventura, no sufrirla, que estábamos encarando este junio sabático que habíamos logrando con muchísimo esfuerzo.

Pasamos por Uspallata, una pequeña ciudad a más de 2000 metros de altura, y ahí comenzó la real aventura. Varias horas de atención permanente en el manejo, cada vez más complicado. Todo fue con normalidad, sin contratiempos, yo personalmente siento la altura en forma importante, la cabeza está como abombada, los brazos y las piernas comienzan a ser muy pesadas.

No se puede detener en el camino en casi todo el trecho recorrido, las imágenes son increíbles.

Esas montañas enormes, con nieve cubriendo todo, pero la ruta se mantenía totalmente buena y limpia.

Pasamos varios carteles que decían “Zona de Avalanchas”, intenté que Mirtha no los viera para que no se ponga más nerviosa.

La camioneta respondía muy bien, no se apunó, si bien bajaba cambios, era como normal por las pendientes tan altas.

A 16 kilómetros se anunciaba la aduana de Chile y migraciones, respiramos hondo, y por fin gente y movimientos administrativos.

Detuvimos La Bocona en el lugar indicado bajo techo en un gran galpón, donde se hace todo el trámite y la aduana revisa minuciosamente absolutamente todo.

Mirtha se encargó de los trámites migratorios, donde hay que llenar varios formularios a mano.

Yo a las relaciones públicas con los aduaneros que querían saber que era El Bocón.

“Un Bocón aquí en Chile hace falta” terminaron diciendo luego de conocer algunas de mis historias de los 23 años de mi querido compañero de ruta.

Fuimos al baño, comimos una “salchipapas” entre los dos, tomamos una coca cola en lata cada uno, y arrancamos de nuevo a la ruta, pensamos que lo peor había pasado, pero nos equivocamos, comenzó lo más peligroso del cruce andino, los 10 kilómetros de pendientes y descensos con un camino de hormiga con 27 curvas y contra curvas extremadamente peligrosas.

La semana que viene, les sigo contando…  

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