¿Y SI NOS ESCUCHAMOS LOS UNOS A LOS OTROS?

Escrito por Recibimos y publicamos en la sección Internacionales.

Publicado el 02/10/2018 12:21:25
¿Y SI NOS ESCUCHAMOS LOS UNOS A LOS OTROS?

"Los redactores de nuestra Constitución creían firmemente que un gobierno republicano no puede sostenerse sin inteligencia y educación distribuidas de forma descentralizada entre la gente (...) Promovamos, entonces, como un objeto de importancia primaria, las instituciones necesarias para la difusión general del conocimiento. A medida que la estructura de un gobierno le da fuerza a la opinión pública, es esencial que la opinión pública sea ilustrada." – Ulysses S. Grant

 

Por: Ramiro García Pereira / Analista Político

 

Para muchos militantes frenteamplistas resultó sorpresivo que el ex Presidente José Mujica criticara las políticas sociales implementadas a partir del 2005 a raíz del aumento en los crímenes violentos en la última década. Sin embargo, la imposibilidad de éstas para cumplir con los objetivos que se planteaban originalmente[i] se hace evidente.

No hace falta (aunque sería una muy necesaria idea) recurrir a un análisis exhaustivo de las consecuencias magras que han tenido las políticas sociales durante los gobiernos frentistas, al momento de solucionar los problemas estructurales que generan las condiciones propicias para el surgimiento de focos criminales.

Si bien es cierto que la evidencia criminológica mayoritariamente no arroja una correlación fuerte entre pobreza y criminalidad, sí es conocido, es que el desempleo y la baja educación son factores comunes entre quienes cometen crímenes violentos[ii]. Tampoco podemos ser tontos e ignorar que la pobreza y el abandono estatal/social de ciertos sectores urbanos, sirven de catalizadores para el surgimiento de guetos criminales, como bien exponía el politólogo norteamericano experto en criminología, James Q. Wilson, en su teoría de la “ventana rota”.

Asistiéndole la razón al ex presidente Mujica (pero también gran parte de la culpa por no hacer lo que tuvo que hacer en su momento), cualquier política que parta desde una visión estadocéntrica paternalista, estará destinada a fallar.

Toda política, y en especial las políticas sociales y las educativas, jamás pueden ser formuladas sin una deliberación previa, en la cual se involucre al público de la cual es objetivo, y a aquellos que la financian (los ciudadanos). Un buen diseño de cualquier tipo de política, partirá desde un proceso de gestación ampliamente democrático, basado en una fuerte tamización resultante del debate entre varios puntos de vista, que solo pueden ser consultados a través de una visión amplia, moderna, deliberativa y no puramente procedimental de la democracia [iii].

¿Es posible otro modelo de Política Social?

En todo proceso de elaboración de política pública, los decisores responsables investidos de autoridad pública, se enfrentan a un problema de partida, que debe ser racionalmente definido, y convendría al menos, que partieran desde una concepción realmente democrática. En la cual se entienda que todo problema puede llegar a tener múltiples posibles soluciones, algunas con más chance de éxito que otras, algunas más caras en términos económicos y sociales que las demás, etc [iv].

Bajo un modelo de gestión guiado bajo el paradigma del Gobierno Abierto, la transparencia es un eje infaltable, por lo cual aquellos funcionarios públicos en los que recae la autoridad para decidir por cual o tal medida se deben implementar, ante un problema puntual. Deberán explicar a lujo de detalle, el por qué se elegirá lo que se proyecta llevar a cabo, con los costos, posibilidades y capacidades que ello implica, bien explicados[v].

Cuando una política social, o de la naturaleza que sea, es elaborada a partir de criterios arbitrarios y sin el respaldo de una gestión profesional, y que, a su vez, ha sido creada sin el más mínimo mecanismo de auditoría, para que los ciudadanos conozcan los pormenores del proceso, lo más probable es que ésta fracase estrepitosamente.

La arbitrariedad y la falta de transparencia son enemigas de la democracia, y más enemigas aún, de un modelo democrático deliberativo, amplio, inclusivo y saludable. Por lo tanto, resulta completamente necesario, si es que el Uruguay quiere caminar hacia más y mejor democracia, empezar a mejorar los procesos por los cuales las políticas públicas, y sobre todo las políticas sociales, son gestadas desde su base. Dejando el enfoque paternalista y falto de mecanismos de transparencia auténtica, con el que el MIDES se ha guiado para elaborar las políticas sociales a su cargo, debiendo empezar por adoptar un modelo racional, abierto, transparente y que incluya más visiones.

La construcción colectiva de la política

El eje central desde el cual parte el paradigma de la democracia participativa, es que el conocimiento se encuentra disperso en la sociedad, y por lo tanto, resulta al inverso de cómo se han pensado hasta ahora las políticas sociales, desde el enfoque platónico/paternalista. Y esto (el paternalismo) no es más que la concepción de que el conocimiento se encuentra en manos de unos pocos, y por lo tanto las soluciones a los problemas públicos también.

En países cuyas democracias se encuentran en una etapa más avanzada, como es el caso de Noruega, que ocupa el lugar Nº1 del Democracy Index 2017 publicado por The Economist, que otorga a dicho país un puntaje perfecto (10/10) en participación ciudadana. Es decir, en Noruega el conocimiento y el punto de vista de quiénes son objetivo de determinada política, resultan aspectos fundamentales al momento de concebir dicha política, y de la cual serán los beneficiarios.

Para dar un ejemplo ilustrativo, es común que en Noruega los usuarios de las políticas sociales y del sistema de bienestar de ese país, sean partícipes desde la línea de base, en la formulación de dichas políticas sociales[vi]. Es por ello, que siguiendo el ejemplo exitoso noruego, resulte lógico pensar, que la política social no debe jamás construirse sin la participación de quién será objetivo de ella, o los resultados no serán los deseados.

Nuevamente, la transparencia resulta fundamental, todo recurso que usan los Estados, es recurso que proviene de los bolsillos de sus ciudadanos, por lo tanto, las personas deben conocer en todo momento, que es aquello que se está haciendo con ese dinero. Y en la medida de lo posible, deben buscarse los mecanismos para que tengan la posibilidad de participar en todo el proceso que involucre el uso de dineros públicos. La creciente concientización a nivel internacional sobre la necesidad de la transparencia en las acciones de los gobiernos, ha llevado a que los presupuestos abiertos sean cada vez más comunes[vii].

La Democracia en el sentido deliberativo y participativo, debe servir como marco teórico para la elaboración y gestión de las políticas públicas. Quién actúa en representación del pueblo, usando los dineros del pueblo, no puede ni debe impedir en alguna forma, el libre acceso a la información de lo que se hace con el dinero y con los recursos que se le exigen mediante los impuestos a las personas. Así como tampoco debe impedir la posibilidad de que los ciudadanos participen del diseño e implementación de las decisiones públicas.

De lo contrario pueden ocurrir tres cosas: 1- se perderán los conocimientos y capacidades que se encuentran desperdigados a lo largo y ancho de la sociedad, 2- el avance constante de las sociedades y los cambios en los que están inmersas, pueden llevar a la ruina a las políticas, si no se está en contacto bidireccional permanente con la sociedad, y 3- la actitud paternalista del Estado siempre termina en lógicas perversas, que inevitablemente llevarán a la corrupción.

Reflexiones finales

Es conveniente formular una advertencia para todos aquellos políticos imprudentes, que intenten de alguna forma, tapar la verdad sobre el resultado de una política determinada; en la era actual es un esfuerzo vano. Por más que los miembros de una organización pública callen ante una situación que no pueden resolver, o ante problemas que pongan en cuestionamiento directo la viabilidad misma de la forma en la que trabajan, o de quiénes son los que trabajan en ello; tal como dijo Jesús “Les digo que si éstos se callan, las piedras empezarán a gritar”.

Ciertamente, los defectos de una administración deficiente deben corregirse, porque de no hacerlo, por más severas que sean las acciones de coacción política que se apliquen para silenciar a quienes denuncien los hechos que revelan los fracasos políticos, siempre, de alguna manera, los ciudadanos se terminarán dando cuenta, y apenas puedan sacarse a un gobierno negligente de arriba, lo harán.

 

 

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