AL FINAL LO LOGRÓ

Escrito por Mirtha Susana Lencina en la sección Columnas.

Publicado el 06/07/2018 09:12:43
AL FINAL LO LOGRÓ

Lucas es apenas un nene de dos años cuando su mamá, por cosas de la vida, comienza a darse cuenta de que es diferente. ¡Es tan callado! Si quiere algo le tira de la ropa y lo señala. Pero aparte de eso, rara vez usa gestos para comunicarse. Tampoco dice sí ni no con la cabeza. A menudo se frustra y se enoja porque no lo entiende, grita, patalea y da manotazos. No reacciona cuando le habla ni al llamarlo por su nombre. Sus padres se preguntan si será algo sordo. Cuando escucha “dulce” corre. A veces acepta sentarse a upa, pero por lo general sólo cuando está muy cansado.
El niño tiene problemas para concentrarse. Revolotea por todos lados como una mariposa, y apenas se detiene en algún lugar para reiniciar el vuelo en seguida. No le gustan los juguetes,  le interesa más explorar. Le encanta hacer que las cosas giren, tiene un cochecito, en vez de ponerlo a rodar en el suelo, lo da vueltas y hace girar las ruedas. Le fascina hacer esto con todo objeto redondo, anillos, monedas, etc. También lo hace con su cuerpo y ellos tratan de detenerlo, porque si no, continúa hasta que se marea y se cae.
No le interesa jugar con otros chicos. En el parque, se sienta en el arenero y tira arena a su alrededor, o arroja piedras en los charcos, indiferente a los demás. A veces trata a su hermanita como si fuera un objeto o un mueble. Suele taparla con una manta, y si ella le obstruye el paso, la levanta, en algunas ocasiones agarrándola por el cuello y la cambia de lugar y la deja caer al suelo. Ellos, por cosas de la vida deciden buscar ayuda profesional.
La terapeuta los recibe, se inclina un poco para saludar a Lucas. Él se mueve hacia un costado y corre hacia la recepción. Lucas corre por todas partes. La mamá trata de calmarlo y de hacer que se siente a upa, pero es imposible.
La terapeuta les dice que lo deje que no hay nada que pueda romper, pregunta sobre su edad, desarrollo, relaciones familiares y el motivo de la consulta. Luego lee el expediente. Lucas no balbuceó a los seis meses; a los 10 no comprendía palabras sueltas, y a los 18 no decía más de 10 palabras coherentes, ni podía señalar las partes de su cuerpo. El nene ya va a cumplir tres años. Les pregunta si le han hecho un examen de audición.
 Lucas oye bien con el oído derecho, pero la prueba del oído izquierdo no fue concluyente porque costó trabajo hacérsela.
La terapeuta levanta una bolsa amarilla y trata de que Lucas se acerque, pero él sigue corriendo por el cuarto, La atrapa y se sientan en el piso. Mira le dice la terapeuta al niño, y saca una vaca de plástico de la bolsa ¿Qué es esto?
Lucas no responde.
Cómo hace la vaca?
Sigue el silencio. Entonces saca un coche de juguete. El niño casi se lo arrebata y empieza a hacer girar las ruedas. Qué es eso?
Lucas no contesta ni la mira, sólo sigue jugando. Ella le saca el coche y el niño protesta.
“Mira, podes tomar otra cosa de acá dice” y le acerca la bolsa.
El niño mete la mano y saca una pelota, que de inmediato lanza al otro extremo del cuarto.
Pelota dice la terapeuta.
Quiere que Lucas repita la palabra, pero él no quiere hacerlo. La mujer lo intenta con otros objetos, pero no le hace el menor caso. De pronto Lucas se levanta, va a buscar la pelota, se la tira y dice “¡Ay!”. Se la arroja una y otra vez.
Mano, dice al cabo de un rato, lo que significa que quiere sentarse sobre las piernas de su mamá. Le pregunta a la terapeuta si podría ser autista. Dice que no puede emitir un juicio tras una sesión tan breve, pero aconseja acudir a un neurólogo para que lo evalúe.
La visita a la terapeuta del lenguaje confirma sus temores y sospechas.
El niño al empezar a recibir educación especial, más altas son sus probabilidades de llevar una vida normal.
El muestra mucho interés en hacer contacto y se adapta rápidamente a la comunicación por imágenes, hay esperanzas de que sus síntomas de autismo sean consecuencia de su trastorno del lenguaje.
El adiestramiento de Lucas continúa. Los ejercicios funcionan y está progresando. Habla poco, pero su vocabulario pasivo aumenta con rapidez. Pronto aprende nuevas palabras y las señala en las imágenes. Usan su golosina preferida como premio cuando hace bien un ejercicio, y luego empiezan a usarla en el propio ejercicio.
En la primavera compra un teléfono al que se le pueden pegar fotos y números telefónicos en los botones. Lo programa y pega el número y la foto del papa, él de ella y los de otros familiares. Luego les enseña a Lucas y a Sara a usarlo. Apretan el botón con su foto, escuchan sonar el celular y entonces contesta y habla con ellos.
Los padres de Lucas asisten a una fiesta de su empresa, y una buena amiga de la familia cuida a los chicos. Mientras conversa con algunos colegas, su celular suena. Lo saca rápidamente del bolso.
Hola? repite
Mami, ya regresa! dice una voz aguda al otro lado de la línea.
Lucas, ¿sos vos? pregunta pero la llamada se corta.
Era Lucas, Nunca la había llamado por teléfono, y dijo tres palabras: “Mami, ya regresa”. Nunca había dicho tantas de corrido. Esas tres palabras significan que deseaba verla. De inmediato llama a la casa, y la niñera contesta. Acabo de hablar con Lucas. ¿Lo ayudaste a llamarme? preguntó
No, no sabía que había llamado. ¿Quiere hablar con él?
Sí... ¡Hola, Lucas! ¿Me llamaste?
Hola, mami! dice, y en seguida vuelve a oír la voz de la niñera.
No quiere hablar más. Todo está bien aquí. Ya los voy a acostar.
Los padres de Lucas lloran de tanta felicidad, por cosas de la vida el gran esfuerzo no ha sido en vano.

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