SEMANA DE LA CERVEZA…, ¡SEMANA DE LA ALEGRÍA..!! (decía el jingle)

Escrito por El Bocón en la sección Departamentales.

Publicado el 17/04/2017 09:52:09
SEMANA DE LA CERVEZA…, ¡SEMANA DE LA ALEGRÍA..!! (decía el jingle)

(Breve historia de una postal de decadencia 

o Reflexiones de una tarde de “Sábado de Gloria”)

Tengo 57 años.  Por tanto, cuando se realizó la primera Semana de la Cerveza, cuando un operario de NORTEÑA de apellido Gavary y apodado “El Chino” promovió su creación, contaba cinco años, y de esa edad conservo memoria…, lo mismo que del magnicidio de Kennedy, la muerte de Juan XXIII, la Exposición Feria de 1964, donde mi madre intervino en el primer programa televisado que se hizo en Paysandú y, por supuesto, recuerdo el alunizaje del Apolo XI.  Viví en épocas donde sólo existía la radio, el comienzo de la televisión, la llegada a Puerto del “Alférez Cámpora”; en tiempos de serenatas de Navidad, “Judas” en San Juan, con caminatas sobre brasas encendidas y velorios en las propias casas.

Cuando los únicos “championes” eran “Funsa”, los únicos vaqueros eran “Far West sanforizados”, las pelotas eran de cuero con piripicho y escasas; y más escasas aún las camisetas de Peñarol y Nacional, ¿extranjeras? ¡“nones”!!

Mis bisabuelos ligures fundaron, el 3 de marzo de 1900 la que es hoy la panadería más antigua de Paysandú, luego galletería y fábrica de pastas y mi abuelo materno, vasco, hijo de Fermín, pulpero y chacarero en lo que es hoy la cabecera uruguaya del Puente Paysandú Colón, fundó, en 1910 y a una cuadra de la plaza principal, un almacén de ramos generales que duró cien años y abasteció a los establecimientos agropecuarios más importantes de Paysandú y Río Negro, llegando a ser uno de los clientes más antiguos de Carrau & Cía al Norte del Río Negro; en 1920 co fundó el Centro Comercial e integró su primera Comisión Directiva y en 1927, con su cuñado, mi tío abuelo Orlando Castellano, co fundó el “Chajá”.  La casa de mis abuelos paternos, 33 y Charrúas, fue el lugar donde –según Augusto I. Shulkin, en “Historia de Paysandú”- falleció el Capitán Hermógenes Masanti, autor del Diario de la Defensa, conocido como “Los 33 días” y en la finca contigua, construida por mis bisabuelos, donde funciona mi estudio, dos primos de mi padre captaron la primera emisión radial de Paysandú.   

Me eduqué en la Escuela No. 2, de Práctica, “José Artigas” en los años duros de la segunda mitad de la década de los 60, donde “Los Olimareños” se iniciaban tocando a beneficio para la construcción de su gimnasio y viví el proceso que desembocó en el Golpe de Estado del año 73.  Egresé como abanderado del Liceo Departamental y me recibí de Abogado a los 24 años, trabajando –desde los 20- en Jurídica Bancos del Litoral Asociados, con el escritor Carlos Maggi, entre otros.  

Fui edil departamental nacionalista durante la primera administración Larrañaga, en tanto mi único hermano fue Sub secretario de Salud Pública durante el gobierno del Dr. Batlle.  Desde el año 2005 me encuentro privado de libertad, aún sin sentencia al cabo de casi doce años, al cabo de un sonado (y manoseado) crimen pasional que me permitió convertirme en un testigo calificado del absoluto desastre de este pseudo Estado de Derecho, donde las garantías son solo nominales, y del pésimo funcionamiento de las instituciones de la República. 

A partir de acá escribiré, como quien responde “por la razón de sus dichos”, “por lo que he vivido”, a sabiendas que muy difícilmente alguien pueda contradecir con fundamento y –acaso- pruebas, la veracidad de mis dichos:

Cuando se “inventó” la “Semana”, la idea era abrir la fábrica al público y permitir su visita.  Luego, se habilitó un patio abierto contiguo donde se expendía cerveza, malta y, si mal no recuerdo, frankfurters o (para los motevideanos) “panchos”…, una fiesta de sanduceros para sanduceros. 

Los primeros predios feriales se ubicaron en la plaza Constitución, la principal de lo que nunca dejó de ser un pueblo, que por entonces tenía una fuente circular en su centro, muy querida por los sanduceros, que –sobre todo por las noches- manaba agua desde una especie de tazón central hacia la piscina que la circundaba y de la cual –cada tanto- en las noches de verano, se remontaban chorros de agua mezclados con luces de distintos colores, que eran los colores patrios, los de la bandera de Artigas…

Casi enfrente, sobre 18 de Julio, funcionaba la heladería “Ferragut”, establecimiento fundado por un emprendedor matrimonio proveniente del Sur, de Santa Lucía, cuyo local se encontraba al costado del sitio  donde funcionó la primera Iglesia parroquial y cementerio contiguo, y del lugar donde se encontraba José Artigas cuando le visitó el cura Larrañaga al cabo de su famoso viaje.

Desde el centro de la plaza hacia el Este, la majestuosa Basílica, hacia el Norte Bella Vista (desde donde bombardearon los brasileños) y hacia el Oeste (el lado del río, desde donde también nos bombardearon los brasileños), un espacio destinado a la Banda Municipal, que tocaba al atardecer de casi todos los domingos, dirigida por el Maestro Piaggio, donde alternaba el coro de la “Sociedad Amigos del Arte”, dirigido por el Prof. Héctor Pintos Tognola.  Eran las “tardes de retreta” que rememoran Larbanois – Carrero en “Santa Marta”, tal cual…, donde la población sanducera, que incluía niños y abuelos y que por entonces ejecutaba piezas de origen preferentemente español e italiano (fragmentos de zarzuelas y de óperas), ya que por entonces nosotros, los criollos, aún conmemorábamos el “Día de la Raza” sin necesidad de sentir esa suerte de “vergüenza” que habría de instalar tiempo después la ideología predominante hoy en día, de marcada tendencia zurdo bolchevique, que vive para reivindicar al “diferente”, así sea “trolo”, negro o indio, pretendiendo negar por siempre y para siempre la influencia verdaderamente progresista, benefactora y benéfica, en términos culturales y aún económicos, de nuestros verdaderos, sacrificados y laboriosos ancestros, que REALMENTE buscaban PAZ, TRABAJO y PROGRESO, a quienes aún traían reminiscencias “El Gato Montés”, “Nabucco” o “La Traviata”.

Por aquel entonces ya teníamos a “Los Iracundos” con Eduardo Franco incluido y a Aníbal Sampayo, fundador de Cosquín y más tarde, cada tanto, venía Jorge Cafrune y León Gieco, por lo que –en verdad- no teníamos necesidad ninguna de morir a los pies de ningún nabo de dudoso gusto, cobrador de jugoso “cachet”. 

Por aquellos días también, el inolvidable locutor Ariel Peralta (padre de la hoy integrante de la Institución Nacional de Derechos Humanos, Dra. Ariela Peralta), a bordo del “Azul y Oro” (móvil de la CW 39), “hacía la boga” (término que incorporé en la ilustre Salto) con la búsqueda del “Tesoro de la Norteña”, que tanta expectativa generaba en las barriadas populares.  Época de la Vuelta Ciclista y la Malla Oro en el torso de Tomás Calixto Correa (“el Chelo”) y de los irrepetibles campeonatos de Fútbol “del Litoral”, con un “combinado” capitaneado por Héctor Lancieri, donde brillaron tantos, imposibles de nombrar, dirigidos por el DT Coiro; de Ana María Norbis, del Prof. Wilfredo Raymondo y de tantos otros que elevaron a Paysandú al rango de “cuna de campeones” y líder del deporte a nivel nacional.  Aquella era una sociedad triunfante, inclusiva y próspera.

La “Semana” se desarrolló después a lo largo de 18 de Julio (donde algunos años se iniciaba con un hermoso desfile inaugural) y hasta en la Plaza Artigas, donde algunos adolescentes nos iniciábamos con el moscatel rosado dulce de Fallabrino hasta convertirse, detrás de “El Galleguito”, verdadero precursor en el negocio de los carritos de venta de choripanes, a raíz de lo cual “nuestra” Semana de la Cerveza se convirtió en la “Semana del Chorizo”, pecado mediante, para aquellos que cometieran el imperdonable sacrilegio de consumirlo en Viernes Santo.

La Playa Municipal, donde hoy se edifica (desde hace ya muchos años) el Predio Ferial era lugar de campamentos, de los primeros “crotos” llegados de allende nuestras fronteras, faloperos seguramente…, anteriores al precursor plantío del “Cory” y al injusto procesamiento de Felipe por un puñado de “cannabis”, venidos desde el Sur sin un mango y con ganas de “engrudar”, a quienes alguna vez fuimos en barra a buscar, con Julio Rombys a la cabeza, para explicarles los “códigos” de sociabilidad que por entonces “curtía” la juventud  sanducera.

Durante el gobierno militar vino la demolición de nuestra fuente para emplazar, en el centro de la plaza principal y bien de “prepo”, el monumento a Leandro Gómez, cuyos supuestos huesos fueron luego robados y, una vez hallados, cuidadosamente guardados en una caja de cartón (envase de bananas) primorosamente tapadas con un nylon, depositada en el piso de la Dirección de Investigaciones de la Jefatura de Paysandú, más o menos en la misma época que el Zapallito se afanó del Museo Municipal la pistola de Lavalleja; algunos años después que algún energúmeno perfectamente identificado (pero mejor apadrinado) la emprendió con una maceta contra el Monumento a Perpetuidad, también otro lugar sin vigilancia ni control, acorde con el Paysandú de hoy.   Durante la administración Larrañaga, al tiempo que se inauguraba la “nueva” Terminal hoy YA obsoleta, sacrificando buena parte de la Plaza de Deportes y se remodelaba el Estadio Artigas sin firma técnica habilitante para sus peligrosísimas nuevas tribunas (tanto como el techo de la ya “vieja” terminal), el mismo Intendente que criticaba las obras “faraónicas” del ex Intendente colorado Belvisi, se permitía la construcción del conocido “Hormiguero” que pasó a ser la “frutilla de la torta” de la fiesta casi al mismo tiempo que la fábrica cerró dejando tan solo una maltería que –por lo que sabemos- se maneja por computadora con el auxilio de unos pocos operarios.  Aquello fue más de lo mismo, pero de diferente color.

De aquel viejo proyecto que le fue vendido a buena parte de la ciudadanía sanducera con cierta capacidad de ahorro e inversión (la invitación a hacerse socios de una o más fábricas que surgirían por suscripción popular, trocando los intereses bancarios por dividendos comerciales e industriales en un proceso que –a la vez- crearía fuentes de trabajo para la juventud hoy ya no queda casi nada.

Festejar este desgraciado proceso involucionista y, para colmo, a pérdida, es tan tonto como que a los japoneses de Hiroshima o Nagasaki se les ocurriera festejar el día que los yankees les tiraron las dos primeras bombas atómicas, ¿verdad? 

Sin embargo, en este país del revés, cuyos departamentos no son excepción, donde todo es posible, ésta es una triste, más bien lamentable, realidad, promovidas por intendentes mediocres, convertidores de Municipios en clubes políticos inflados a fuerza del más descarnado clientelismo, cuyos eternos “paganinis” terminamos siendo “los nabos de siempre”, es decir, los sufridos contribuyentes, financiadores ad aeternum de toda laya de desvaríos y derroches.

Es así que hoy, sin perjuicio de seguir siendo la semana del reencuentro de tantos estudiantes y trabajadores forzados a irse a labrar un mejor futuro fuera de Paysandú, la “Semana” se ha afianzado en volver a ser –a pura pérdida, repetimos- “lo mismo de siempre”, es decir, una impresionante exhibición aglutinante de chabacanería con los brazos bien abiertos hacia el lumpen y el chinchaje con su inevitable carga accesoria de tatuajes, porros, pipas y alcohol barato al son de la charanga insoportable de un montón de “números” importados a alto costo (panis et circus), al tiempo que el “Florencio”, ex Teatro Progreso de la época de Oro, se viene cayendo de a pedazos como consecuencia de la insensibilidad y falta de miras (y de cultura, de la verdadera) de nuestros sucesivos mediocres gobernantes de turno.  La materia es reflejo del espíritu.

Antes se trataba de elegir quien bien nos gobernara de entre lo mejor de nuestra sociedad, pero de unos cuantos años a esta parte da lo mismo, la cuestión es hacerse del poder para repartir y luego dejar fiel puestero que cuide el rebaño.  Y, en particular, para Jefe de Policía se elegía algún ciudadano conocido, con respaldo político y reconocido buen vecino del pago, que bien sabía quién era quién en el mismo.  Hoy, desde la administración de Jorge Batlle en adelante, se ha venido entregando ese delicado cargo a milicos de medio pelo sin la formación jurídica necesaria o al menos suficiente, principalmente en materia de respeto a los Derechos Humanos, venidos quien sabe de dónde, muchas veces sumariados y por ende correteados de anteriores destinos.  Y de este modo no se le da a la delicada interna policial garantía alguna de imparcialidad y, lo que es más importante aún, se priva a la población del derecho a que la seguridad pública esté en manos de un vecino confiable, con el mensaje incorporado de una siempre necesaria y debida subordinación de las fuerzas de seguridad al poder civil que las arma y legitima en el uso de la fuerza, tal como debimos aprenderlo desde el último gobierno de facto, esa que los guapos de ahora llaman dictadura.

Esperamos que este año, de la mano de una plantilla de ilustres desconocidos seguramente demasiado bien pagos en relación a sus reales condiciones y efectivos aportes, este deteriorado invento pueda arrojar, de una vez, algún fruto digno de ser cosechado.  

Dr. Gastón Pesce Echeverz - Salto

vida, servicio de compañia

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